Frío. Una noche oscura. Un gastado rayo de luna. Y el frío. Levitando sobre la vida, insinuando un nuevo firmamento. Goteando, poco a poco, una invasión incontrolable, un asedio hostil frente al que poco se puede hacer, porque no se sospecha, no se huele, no se oye...
Frío. Deshabitando fortalezas, y modelando fragilidad.
Frío. Derramándose en el cuerpo, en la mente, en el corazón, en la vida... Se disfraza y se ha adherido a la piel, a los huesos y no deja respirar. Avanza inexorable, con una ferocidad despiadada, pero disimulada, y ella, en su noche agotada, no se da cuenta, no advierte que desdibuja sus latidos y palidece el espíritu, como un invierno que se hunde en el bosque, camuflando de grises y marrones la vida de colores. Contrae el Alma y oprime su locura, y turba los pensamientos, y la vida, poco a poco, se va congelando entre los poros de la piel. Y las manos, y los dedos pierden sus memorias, y ya no se emocionan, se aletargan y se transforman en piedra, como una talla en mármol, bellos, pero insensible, ingratos, extraviando su fervor anterior, sus tibiezas, y adivinan la deserción de la ilusión.
Frío, traspasando los ventrículos, y ella se arrulla, y se engatusa, confinando el escaso calor que aún pudiera confesar. Pero el frío besa las costuras de su aliento, y la calidez se deja piropear, y se fuga, y ella se derrocha, y ya no hay vida, porque la vida está desertando... Encancela lentamente sus ojos, quisiera despertar, y sentir de nuevo el sol enviciado sobre ella, y entrometiéndose poco a poco, solazándose en la vida,... pero no es más que un augurio, que lentamente se apodera de ella, y así, sin más... el frío, de momento, va ganando la batalla...
Centellea un rayo de luna, abatido y desangrado, en el aire de su rostro, inspirando una primavera, mientras entre sueños, aún se la puede escuchar "tengo frío..., tengo frío... tengo..."
