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Terra
La Coctelera

Categoría: Mis textos

Frío

 Frío. Una noche oscura. Un gastado rayo de luna. Y el frío. Levitando sobre la vida, insinuando un nuevo firmamento. Goteando, poco a poco, una invasión incontrolable, un asedio hostil frente al que poco se puede hacer, porque no se sospecha, no se huele, no se oye...

 Frío. Deshabitando fortalezas, y modelando fragilidad.

 Frío. Derramándose en el cuerpo, en la mente, en el corazón, en la vida... Se disfraza y se ha adherido a la piel, a los huesos y no deja respirar. Avanza inexorable, con una ferocidad despiadada, pero disimulada, y ella, en su noche agotada, no se da cuenta, no advierte que desdibuja sus latidos y palidece el espíritu, como un invierno que se hunde en el bosque, camuflando de grises y marrones la vida de colores. Contrae el Alma y oprime su locura, y turba los pensamientos, y la vida, poco a poco, se va congelando entre los poros de la piel. Y las manos, y los dedos pierden sus memorias, y ya no se emocionan, se aletargan y se transforman en piedra, como una talla en mármol, bellos, pero insensible, ingratos, extraviando su fervor anterior, sus tibiezas, y adivinan la deserción de la ilusión. 

 Frío, traspasando los ventrículos, y ella se arrulla, y se engatusa, confinando el escaso calor que aún pudiera confesar. Pero el frío besa las costuras de su aliento, y  la calidez se deja piropear, y se fuga, y ella se derrocha, y ya no hay vida, porque la vida está desertando... Encancela lentamente sus ojos, quisiera despertar, y sentir de nuevo el sol enviciado sobre ella, y entrometiéndose poco a poco,  solazándose en la vida,... pero no es más que un augurio, que lentamente se apodera de ella, y así, sin más... el frío, de momento, va ganando la batalla...

 Centellea un rayo de luna, abatido y desangrado, en el aire de su rostro, inspirando una primavera, mientras entre sueños, aún se la puede escuchar "tengo frío..., tengo frío... tengo..."

 

Volver a tí...

La luz cayendo sobre ti como fina lluvia de sol, el poder de tus manos en estático movimiento, la mirada enganchada en un infinito insondable, la autoridad de tu cuerpo en un gesto sumiso, la armonía de tu figura con la magnificencia de tu espalda..

Gestos insospechados, músicas silenciosas, pensamientos extraviados, rodeando tu presencia, queriendo llegar a ti, una mano que se alza, dibujando tu contorno, depositante en tu mejilla de una caricia que se pierde en el aire…

Llegar hasta ti, siempre el primer impulso. Un grito detenido, un estupor petrificado. Una prisa indecisa, y un desconcierto a tus pies. En la cercanía, igual de inalcanzable que en la distancia. El alma desgarrada, alargando sus quebrantos para no llegar a ti.

Debo conformarme. Tu proximidad no es garantía de nada. Solo estar cerca, el motivo de mi inspiración, de mi respiración. Y tu impasible, ajeno a mis ruegos, a mis peticiones, a mis misterios, a mis querencias. No me darás más, yo pediré mucho. Olvidarme de tí. O aceptar tus condiciones. Las dos opciones. No puedo decidir, hoy no. O me quedo con lo que me das, o me arriesgo a vivir sin ti. Y cada día me despierta la renovada ilusión de volverte a ver…

(Pensamientos de una vigilante ante David)