La luz cayendo sobre ti como fina lluvia de sol, el poder de tus manos en estático movimiento, la mirada enganchada en un infinito insondable, la autoridad de tu cuerpo en un gesto sumiso, la armonía de tu figura con la magnificencia de tu espalda.. Gestos insospechados, músicas silenciosas, pensamientos extraviados, rodeando tu presencia, queriendo llegar a ti, una mano que se alza, dibujando tu contorno, depositante en tu mejilla de una caricia que se pierde en el aire… Debo conformarme. Tu proximidad no es garantía de nada. Solo estar cerca, el motivo de mi inspiración, de mi respiración. Y tu impasible, ajeno a mis ruegos, a mis peticiones, a mis misterios, a mis querencias. No me darás más, yo pediré mucho. Olvidarme de tí. O aceptar tus condiciones. Las dos opciones. No puedo decidir, hoy no. O me quedo con lo que me das, o me arriesgo a vivir sin ti. Y cada día me despierta la renovada ilusión de volverte a ver…
Llegar hasta ti, siempre el primer impulso. Un grito detenido, un estupor petrificado. Una prisa indecisa, y un desconcierto a tus pies. En la cercanía, igual de inalcanzable que en la distancia. El alma desgarrada, alargando sus quebrantos para no llegar a ti.
